La preeclampsia se define como la aparición de hipertensión y proteinuria, que puede indicar daño renal, a partir de la semana 20 de gestación. Afecta entre el 3% y el 10% de las mujeres embarazadas y se asocia a una gran morbilidad tanto materna como fetal.
Esta afectación puede hacer que la placenta, que es la que proporciona oxígeno y alimento al feto, no obtenga suficiente sangre. Si esto ocurre, el feto recibe menos nutrientes y provocará que nazca con bajo peso. Además, puede acelerar la necesidad de que el bebé nazca de forma inmediata y los bebés prematuros tienen un mayor riesgo de sufrir complicaciones graves; algunas de ellas de por vida.
Dependiendo del momento en el que aparezca se puede clasificar en precoz (antes de la semana 34) o tardía (después de la semana 34) y también, según su gravedad, en leve o severa.
En la preeclampsia leve aparece la hipertensión arterial, una gran retención de líquido y proteínas sanguíneas en la orina, como ya hemos dicho, pero en la severa puede haber ya afectación hepática, neurológica, renal, alteraciones en la coagulación e incluso aparición de convulsiones (entonces se llamaría eclampsia). Si tienes fuertes dolores de cabeza, visión borrosa, sensibilidad a la luz, náuseas o vómitos, debes acudir con urgencia a tu médico o matrona de referencia.
- Guardar reposo en la cama, sobre el lado izquierdo del cuerpo para alejar el peso del feto de los principales vasos sanguíneos.
- Aumentar el número de revisiones con el equipo médico para controlar el avance de la enfermedad.
- Aumentar el consumo de agua.
- Incluir más proteínas en la dieta.
- En casos graves, la madre necesitará ser hospitalizada y guardar reposo bajo la supervisión de los sanitarios.
Existen muchas asociaciones y programas para ayudar a mujeres que sufren preeclampsia, pero os dejamos a continuación la web de una de ellas en la que se incluyen muchos centros hospitalarios del país y que podéis consultar en cualquier momento:
